PROPOSTA 2004 . festival internacional de poesies + polipoesies. cccb.  o     
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exposició


keith haring i william burroughs: apocalypse

l’exposició presenta el treball que en col•laboració van realitzar el 1988 l’artista plàstic keith haring (1958-1990) i l’escriptor william s. burroughs (1914-1997). la sèrie, denominada “apocalypse”, està formada per deu serigrafies amb collage de gran format, originals de keith haring, que mantenen un diàleg amb els textos escrits expressament per william burroughs. la sèrie utilitza icones de la cultura i el pensament universals per abordar una reflexió sobre el món actual i el seu futur que anticipa els conflictes i les calamitats actuals. l’exposició està acompanyada per dos vídeos realitzats pel equipo moral (chema alonso i carlos t. mori) a partir del material de l’exposició.
william burroughs, un dels estendards de la generació beat al costat de jack kerouac i d’allen ginsberg, va esdevenir un dels referents de l’escena underground de nova york de finals dels setanta i principis dels vuitanta, en què un moviment anàrquic d’escriptors, artistes i músics buscaven una alternativa al model capitalista americà. un d’aquells joves que buscava noves formes d’expressió era keith haring. burroughs i haring es van conèixer el 1983 i des de llavors van anar teixint una forta amistat i van arribar a realitzar dos projectes conjunts: “apocalypse” (1988) i “the valley” (1989), tots dos amb un estret lligam. es tracta de dos creadors de generacions diferents, però amb preocupacions i concepcions de la vida similars. els virus que burroughs imagina que travessen la societat moderna són els mateixos que dibuixa haring a les parets i és també el seu propi virus, el de la sida, que anys més tard acabaria amb la seva vida i que ja aleshores sabia que tenia. les imatges, doncs, descriuen amb un cut-up visual les premonicions catastrofistes de burroughs, amb una sensació babilònica i un efecte de confusió i de caos. és una ocasió única per contemplar el diàleg generacional entre dos creadors inimitables i per endinsar-se en el món més personal de tots dos.
l’exposició ha estat produïda pel centre d’art contemporánea (granada) i el centro josé saramago de castril (granada) i ja ha estat presentada a diverses ciutats de l’estat espanyol. l’exposició estarà oberta fins al 28 de novembre a la 3a planta del cccb en l’horari habitual d’exposicions.
com a complement a l’exposició, es va constituir el grup apocalypse, format alejandro martín, j.a. salinas (tots dos membres de maine) i francis martín, per posar la banda sonora al projecte a partir dels textos de burroughs. el grup actuarà el divendres 5 de noevembre al vestíbul del cccb amb les imatges videogràfiques de equipo moral. el disc d’apocalypse, que acompanya el catàleg, ha estat produït per harold burgon.


 

 

 

 

 

 

 

 

DATE PRISA. HA LLEGADO EL APOCALIPSIS.


I Parte. El Profeta del Apocalipsis Final

Como la mayoría de gente, vivo en un contínuo estado de pánico. Cada segundo somos virtualmente atemorizados. Esta es una década muy triste, una década muy sombría. Sombría y horrible. William S. Burroughs, septiembre de 1990.

William Seward Burroughs, tercer miembro fundamental junto a Jack Kerouac y Allen Ginsberg de la Generación Beat, es el santo patrón de la escena underground y punk que a finales de los 70 y principios de los 80 tiene lugar en el East Village de Manhattan; escena formada por un movimiento anárquico de escritores, músicos y artistas que busca una respuesta al modelo de progreso, al capitalismo americano y al conformismo social que se arrastra desde los 50 y 60, y entre los que se encuentra un joven muy activo llamado Keith Haring. Incluso hay quien como Polina Mackay considera ese barrio neoyorquino, en ese momento, como escenario propicio para "El almuerzo Desnudo", la Biblia del momento: obsesiones por toda clase de virus, extraterrestres, conspiraciones gubernamentales, adicciones a cualquier o a todas las cosas, ferviente experimentación artística, una paranoica búsqueda de salidas, el desmantelamiento del llamado sueño americano, la homosexualidad, extenuantes fiestas...
En "El almuerzo desnudo"¨(1958), William Burroughs ya se describe presa del horror por el torbellino del progreso y por el poder del sistema. Un apocalipsis causado y orquestado por las instituciones productivas y las científicas, artísticas y filosóficas que infectan un virus mortal en los ciudadanos a través del lenguaje del progreso.
Sin embargo, la primera aparición pública de Burroughs como un profeta del apocalipsis es en 1980 en la Conferencia del Planeta Tierra, celebrada en el Instituo Ecotécnico de Aix-en-Provence, en Francia. En ella ofrece una charla titulada "Los 4 Jinetes del Apocalipsis" en la que desgrana los elementos antes citados como consituyentes de su concepto apocalíptico. Un apocalipsis que, como vemos, tiene también su razón de ser en el mundo contemporáneo. Para Burroughs la única solución es "salir de aquí, escapar", comenzar de nuevo, aprender un lenguaje nuevo.


II El Angel-Enviado del Profeta

Me interesa crear obras de arte que puedan contemplar y explotar tantos individuos como sea posible, personas que tengan ideas totalmente diferentes sobre la obra y que no le atribuyan ningún significado definitivo. Yo no soy más que un intermediario que intenta poner en común ideas diferentes. Keith Haring, octubre de 1978

Keith Haring es un hijo del Pop Art, de Andy Warhol, de los comics, de Walt Disney, de la ciencia ficción, de los mass media, de la era de la televisión y del video, de los robots, de los ordenadores, de la tecnología, de la era nuclear, de la música disco y el rap, del sexo y las drogas, del SIDA y del AZT, de Burroughs y del efervescente East Village de fines de los 70 y de los 80.
Fiel al espíritu del "hazlo tú mismo" que recorre su generación y de la nueva estética para la que no estaban las galerías y centros de arte del momento preparados, Haring busca una salida a su arte demostrando junto a los graffitistas que hay algo al otro lado del sistema en el que se dejan atrapar la mayoría de los artistas. Haring no necesita ni galería ni busca perennemente esa persona ideal que lo inserte en el establishment artístico.
Deja su sello en todas partes, en cualquier sitio. Haring usa la calle y los lugares elegidos por la cultura del consumo en el corazón de las ciudades para llegar al público, para dejar los mensajes que desea con diferentes medios: tiza en el metro, rotulador sobre anuncios luminosos, sprays y gruesos pinceles sobre los muros, la fotocopia en las farolas y paredes susceptibles de ser encoladas...
Haring crea una iconografía sin precedentes en la historia del arte del siglo XX, y tan famosa como los logos de las multinacionales, con un vocabulario totalmente contemporáneo a base de figuras alegóricas y fórmulas abstractas con las que comunica su lectura y advertencias sobre la sociedad actual: los televisores siempre retrasmitiendo (la fuerza de los medios de comunicación), los ordenadores tóxicos (la deshumanización de la tecnología), los omnipresentes dólares (el poder del dinero), los bebés radiantes (la infancia, la vida, la alegría y la cara positiva de la humanidad), los practicantes de sexo (la sexualidad, la transmisisón de energía, la homosexualidad), el baile y los personajes que se entrelazan (la necesidad de los hombres y mujeres por relacionarse, la amistad, el hermanamiento, la unión, la colaboración), los esclavos (las actitudes denigrantes, el apartheid), las serpientes (las tentaciones del mundo moderno), las pirámides y los platillos volantes (los objetos sagrados, los transmisores de energía), etc.
Su popularidad crece por el nivel de comprensión de la obra. Eso hace que el sistema del arte lo desdeñe por dirigirse y conectar con la cultura más popular, pero puede ser el perfecto iconógrafo-transmisor del mensaje apocalíptico del Profeta Burroughs.
La vida de Keith Haring es intensa, radiante, sincera, honesta, generosa, ejemplar y apasionada. Haring se halla recorriendo su propio y frenético calvario, y cuando ve cómo las personas de su alrededor se derrumban a causa del SIDA y que le quedan pocos años de vida, no existen para él horas suficientes para visitar a sus amigos, para acudir a fiestas, para conocer más gente, para enamorarse, para practicar sexo, y, sobre todo, para pintar todo lo que piensa que no podrá llegar a pintar, porque sabe que la contribución que puede hacer al mundo es su talento para el dibujo ("pienso dibujar todo lo que pueda, para tantas personas y durante tanto tiempo como me sea posible"). A pesar de ese Juicio Final a cuyas puertas cree estar cada día que pasa, su lectura del mundo nunca es desagradable. No hay ninguna imagen en las obras de Haring desagradable. Si para Burroughs la literatura es la única vía de escape, Haring afirma que "cuando comprendemos nuestra fugacidad, cuando aceptamos la autodestrucción, llegamos a ser conscientes de nuestro destino y nos vemos obligados a asumirlo. El arte es la única respuesta posible ante la perspectiva de la destrucción (de la aniquilación)”.


III Parte. El Apocalipsis

...como la unión entre Dante y Tiziano” “...cuando la reputación que tienen se calme en el tiempo, Burroughs y Haring se convertirán en iconos porque Apocalypse es una de las más grandes obras de arte del siglo. Timothy Leary, 1988

Tras conocerse e iniciar una amistad profunda, Burroughs, el Profeta, y Haring, uno de sus más populares seguidores, se unen en 1988 para redactar e ilustrar el Apocalipsis, en una relación que para el escritor nunca es del tipo maestro-discípulo, sino "equilibrada", sobre todo tras su sorpresa por el resultado del trabajo del joven pintor ("cuando vi sus serigrafías por primera vez, fue un shock, un buen shock").
A partir de la situación apocalíptica de que "Nada es verdadero. Todo está permitido", y su consecuencia: "Todo es ilusión, sueño... ARTE", Burroughs describe la llegada del nuevo orden, del nuevo lenguaje, el final del virus, el fin de la enfermedad, para que el Hombre vuelva a recuperar los sentidos y vivir la nueva realidad. Un apocalipsis liberador, sin Satanás, anticristos o desastres.
Un apocalipsis que le sirve a Keith Haring para, por un lado, demostrar que es en el espíritu de su arte y en su cuerpo condenado donde se encuentra la posibilidad de perdurar y, por otro, enfrentarse al terror de su enfermedad.
Una enfermedad que se convierte en protagonista de la composición a través del "esperma demoníaco", agente del virus mortal. Un "esperma demoníaco" que nace ese mismo año para formar parte de la numerosa familia iconográfica del autor; el año en el que Haring ya sabe que antes o después va a morir, aunque públicamente no se reconoce seropositivo hasta un año más tarde.
Siguiendo la influencia de la técnica de Burroughs del "cut-up", las diez obras de Apocalypse combinan símbolos que se explican por sí mismos y son muy obvios, pero tal y como se encuentran combinados y yuxtapuestos nos ofrecen la posibilidad de extraer diferentes impresiones al mismo tiempo, como si de un estado de sueño se tratara, en el cual una parte tiene sentido y la otra es contradictoria y, sin embargo, ambas existen conjuntamente como una realidad única.
Comprometida, dolorosa, brillante, sugerente, pedagógica, reveladora.., la obra resultante de la colaboración entre estos dos monstruos del siglo XX, además de descubrirnos lo que no sabemos que sabemos, reafirman que no existe final, sino un punto de partida para algo nuevo y diferente.
Algo nuevo y diferente es lo que pretende construir el Centro Saramago. Y eso es lo que se ha intentado conseguir con esta exposición: interrelacionar disciplinas como artes plásticas, literatura, música, video para crear una vía alternativa de escape hacia otra realidad.
Desde aquí, deseo agradecer a todos aquellos que han estado vinculados a este proyecto, sin los cuales hubiese sido imposible realizar este proyecto, que es más que una exposición: Juan Mar, por su confianza y por tener un sueño; Dumia, por estar ahí siempre; Xavier Monsalvatje, por su apoyo, compañía, consejos y trabajo; Alejandro Martín, Salinas y Francis Martín por su esfuerzo y captar el concepto del Apocalípsis de Burroughs y hacer la maravillosa banda sonora del proyecto; Carlos T. Mori y Chema Alonso (Equipo Moral), por aportar muchísimo más de lo que se les había pedido; Harold Burgon, por su sabiduría, profesionalidad y paciencia; Jaime Lavagne, por saber tanto y los viajes a Lugo; Raúl "Sex" por su coordinación; Rosa Morillas por su revisión literaria, conocimientos y por todo lo que queda por hacer; el diseñador Javieribáñez por su gran gusto; Carlos Galán y todo Subterfuge por su entusiasmo; Nilo Casares; Sarah Moss; Chilín; Gabi "Eraserhead"; la Diputación de Granada; Pilar del Río y José Saramago; la gente de Castril; y todos aquellos indirectamente relacionados con Apocalipsis, porque antes y durante todo el tiempo estuvieron aportando energía: staff de Granada Networks, D-Látex, la gente del Museo de Lugo con Encarna Lago a la cabeza, y, finalmente, la familia, Antonio Pareja, los Bea's, los socios de Contemporánea y los amigos.

A la memoria del amigo Keith y del abuelo William.

Mario Martín Pareja
Comisario de la Exposición

 

 
 

 

 

 

 

 

Every man has inside himself a parasitic being who is acting not at all to his advantage

William S. Burroughs

Resulta paradójico expresar con palabras  hechos y opiniones sobre un escritor que pensaba que “el lenguaje es un virus.” Ciertamente más paradójico parece aún el hecho de que el mismo Burroughs se valiese de este “virus” y eligiese la escritura como herramienta para su acto de auto-reflexión. Pero puestos a pensar, la vida de William S. Burroughs (1914-1997) resulta si no contradictoria, sí por lo menos ambigua, sorprendente y nada convencional. Nieto del inventor de la sumadora y heredero de su nombre, William S. Burroughs II se crió en un ambiente de comodidades y bienestar económico, fruto del patrimonio proporcionado por la Burroughs Adding Machine Corporation. Con un lugar prominente en la sociedad de St. Louis, Missouri —aunque nunca se sintiera cómodo con esta posición familiar y se empeñara en afirmar que la élite social no los aceptaba— pertenecer a su familia, le reportó beneficios tales como estudiar en Harvard o disfrutar siempre de una posición privilegiada, pues sus padres continuaron ayudándole económicamente incluso después de graduarse. Su espíritu rebelde que cuestionaba siempre el orden establecido, su tendencia a saltarse las reglas, su pasión por las armas y su amor a los libros  hicieron de Burroughs un extraño híbrido que no acababa de encajar en la sociedad de la clase media de Missouri. Esto hizo que cierto halo de misterio macabro y provocador rodeara su vida ya desde la infancia. Fue a los ocho años cuando el precoz William escribió su primer relato en forma autobiográfica y también cuando disparó por  primera vez una pistola. Parece que los hechos ocurridos ese año fueron cruciales en la vida del autor, pues diríanse premonitorios de su futuro. Años más tarde llegaría a ser un escritor famoso y controvertido, admirado por unos y criticado por otros, y siempre provocando opiniones radicales. Años más tarde también, como una proyección de este octavo año de su vida, un arma iba a marcar su existencia  y dotarla casi con carácter de leyenda negra, pues cuando vivía en Méjico el escritor mató accidentalmente a su segunda mujer mientras demostraba su puntería  delante de unos amigos a los que habían invitado. Demasiado alcohol y demasiadas drogas hicieron que nadie recordara bien lo que había pasado; tan sólo que, emulando a Guillermo Tell, Burroughs disparó a un vaso que Joan sostenía en su cabeza. El escritor nunca fue juzgado por ejecutar este mortal juego.

Es evidente que podemos tachar a Burroughs de muchas cosas salvo de convencional. No estamos ante un escritor al uso, sino más bien ante un “icono de la cultura pop.” Le han llamado “Abuelo Punk” y, a la misma vez, le han dado la responsabilidad de ser el reinventor de la literatura moderna, como si en él se aunaran la cultura y la contracultura, o tal vez  una subcultura. Desde que surgiera el movimiento beat, al que dio nombre Jack Kerouac y que tuvo como impulso definitivo el grito de angustia de Allen Ginsberg expresado en su “Howl” de 1956, la polémica estaba servida. Se era beat porque se era golpeado, pero también por que se era beatífico; lo beat iba desde lo más prosaico a lo más espiritual. Estos escritores se expresaban con una gran crudeza expositiva, desnudaban la mente, el alma y el cuerpo, experimentaban para sentir y poder contarlo abiertamente, a veces casi de milagro, pues vivían bastante al límite. No deja de ser curioso que Burroughs sea considerado por la mayoría de los críticos y biógrafos como una de las figuras centrales de la generación beat  y que, al mismo tiempo, él no se sienta identificado intelectualmente con el grupo, pues decía no compartir ni sus objetivos ni su estilo literario. Pero ésta es una característica intrínseca a Burroughs, no sentirse integrado en la sociedad, no sólo de Missouri, sino en la de ninguno de los sitios en los que vivió, no seguir las normas que imperan, que marcan el comportamiento del ser humano como animal social. Quizá por esta razón cuando vivía en Tánger le llamaban “el hombre invisible”, aunque tal vez también influyera su atuendo gris, impecable, chaleco y sombrero incluidos, y su delgadez extrema, que le hacía pasar desapercibido. Si bien comparte tiempo, amistad, proyecto, aficiones, drogas y conversaciones con los beats, su carácter individualista le hace sentir que no pertenece al grupo en el sentido “literario” de generación, sino más bien a ir bebiendo de distintas fuentes culturales y sociales que le llevarían, con el tiempo, a iniciar muchos y variados proyectos como  Apocalypse (1988),  con Haring, o a hacer un anuncio de Nike con Spike Lee.

Los beats han sido siempre provocativos, irreverentes, anárquicos,  y tal vez por esto se ha escrito más acerca de sus vidas que de sus obras. Se declararon homosexuales activos, adictos a sustancias  —el mismo Burroughs era adicto a la heroína y llevó a su mujer al consumo de drogas; eran provocadores, contradictorios —pues en el mismo grupo había miembros que practicarían más tarde la filosofía zen y el budismo, y otros, como Burroughs que sentían fascinación por las armas— y en definitiva, intelectuales que rechazaban el quedarse anclados en la convencionalidad de la América de los cincuenta, con sus valores de patria y familia representados por la emblemática clase media americana (blanca, protestante y heterosexual) que encarnaba la imagen de la sociedad de consumo que se exportaría a Europa y se convertiría en un estereotipo.

La prosa de Burroughs está imbuida de un radicalismo experimental que hace que su único compromiso en literatura sea precisamente con una prosa liberal, desprovista de cualquier artificio retórico vacuo. Este radicalismo es fruto de una introspección absoluta, de una desnudez de la mente que le lleva a experimentar con todo. El resultado es un realismo descarnado inducido por situaciones extremas, casi siempre provocadas por la experimentación con drogas. El mismo Burroughs se cortó parte del dedo meñique en una especie de rito iniciático  para impresionar a un amigo. Así, cruzamos la frontera de un realismo naturalista para pasar a un surrealismo sui generis que está más próximo a una parodia de la vida, a una crónica de la realidad underground totalmente dominada por el universo de la droga, magistralmente expresada con su inteligente y perverso cinismo. A Burroughs le gustaba llamar a sus novelas “sátiras” y ciertamente en toda su obra podemos ver a la perfección la inversión del sueño americano, la invalidación de todos estos valores propugnados por la feliz América de los 50 y la rebelión en contra de la conformidad y la rigidez  represiva de esta sociedad. Ya en sus primeras obras Burroughs utiliza figuras estáticas y monolíticas para representar el universo de la típica sociedad doméstica e industrial de la sociedad americana de finales de los 50 y 60. Estas imágenes simbolizan la poca evolución y la convencionalidad de esta sociedad, a la vez que sugieren los inevitables cambios que se producirían  más tarde y que desembocan en las manifestaciones del 68.

Tras Junky (1953), su primera novela, vino su obra más carismática y emblemática, The Naked Lunch (1959) que se convirtió junto con Howl and Other Poems  (1956) de Allen Ginsberg y On the Road  (1955) de Jack Kerouac es una de las obras centrales del manifiesto beat. Autor prolífico que devora la realidad con avidez y la transcribe con su prosa incisiva, cáustica y descarnada como una pesadilla que tiene lugar en un grotesco paisaje urbano en el que se siente alienado. Así, utiliza su propia experiencia, sus conocidos y su vida, en definitiva, para plasmarla, distorsionada por su propia mente, sobre el papel. En Exterminator (1973) habla de su concepción del arte como una “acción agresiva” e identifica al escritor con un exterminador de insectos —trabajo que, por otra parte, Burroughs realizó durante una temporada, llegándose a jactar de su habilidad para detectar cucarachas. En 1983 William S. Burroughs y Keith Haring (1958-1990) se conocen en una fiesta y comienza así una amistad de la que surgirán dos proyectos conjuntos: Apocalypse (1988), y The Valley (1989). En el primero, que tenemos en nuestras manos, los artistas dan su particular visión del mundo y de la sociedad americana, su particular revelación, que parece proponer una vuelta a unos orígenes más simples. En el segundo, ambos expresan el concepto del aislamiento del ser humano y la necesidad de escapar. Haring lo hace por medio de quince grabados y Burroughs les pone palabras en quince mensajes manuscritos. Aunque diferentes, ambas obras están relacionadas, y en ellas se ven las inquietudes de estos dos hombres de diferentes generaciones, pero con preocupaciones y concepciones de la vida similares.

En la obra de 1988 vemos que las serigrafías de Haring y las impresiones apocalípticas de Burroughs son un todo complementario —diríase que casi indivisible— que impacta al espectador / lector como un golpe, como una repentina e inevitable revelación. Apocalypse refleja la destrucción, la revelación de un final necesario para esta vida como sociedad de consumo pero, a la misma vez el mensaje es de vida, de fuerza para que esta rebelión sea posible. Tanto el pintor como el poeta fabrican las mismas imágenes apocalípticas utilizando diferentes soportes. Dado que la colaboración es conjunta estas imágenes están íntimamente relacionadas, y resulta difícil decidir cuáles son más impactantes o más reveladoras. Tanto textos como serigrafías están llenos de vida, de colorido y de contemporaneidad. Producen una impresión en el lector / espectador que nada tiene que ver con la idea de la muerte, sino más bien con la atemporalidad de la dicotomía vida-muerte, con lo súbito de ambas y la capacidad de cambio.

En Apocalypse el ritmo narrativo es trepidante. Burroughs, al igual que el resto de los beats, hereda la escritura automatizada de las vanguardias de los años treinta. Esta forma de escritura es especialmente adecuada para la temática de esta obra, ya que produce una sensación babilónica, un efecto de confusión y de caos. Mediante repeticiones, a veces desordenadas, y mediante frases yuxtapuestas, Burroughs consigue expresar estilísticamente lo mismo que Haring  expresa por medio de imágenes superpuestas. Esta simultaneidad produce una sensación vertiginosa, de rapidez y de inevitabilidad. Una cosa lleva a la otra en una relación causa-efecto, en una entropía que el ser humano es incapaz de detener.  Tanto las imágenes de Haring como las palabras de Burroughs representan el caos y el deterioro, pero no necesariamente la destrucción. Reflejan una distopía que sugiere, más bien una necesidad de reaccionar, de evolucionar y de actuar en contra de la sociedad de nos aliena a fin de transformarla.

Rosa Morillas Sánchez
Universidad de Granada

 

 

 

 

 

APOCALIPSI

INTRODUCCIÓ

Els mariners que navegaven vora les costes de la Toscana van sentir una veu que venia de les muntanyes, dels arbres i el cel: “El gran Déu Pan és mort!” Pan, Déu del Pànic: la consciència sobtada que tot és viu i significatiu. La data era el 25 de desembre de l’any 1. Però Pan viu en el regne de la imaginació, en l’escriptura, la pintura i la música. Mira els girasols de Van Gogh, que es retorcen de vida portentosa; escolta les Flautes de Pan a Joujouka. Neutralitzat, ara Pan viu emmarcat als museus, sepultat en els llibres, rellegat al folclore. Però l’art sobreeix dels seus marcs i esdevé graffiti al metro. S’aturarà aquí? Considerem una afirmació apocalíptica: “Res no és cert. Tot està permès” – Hassan i Sabbah. No s’ha d’interpretar com una invitació a tot tipus de comportament contingut i destructiu; això seria un episodi menor que faria el seu camí. Tot està permès perquè res no és cert. Tot és fantasia, il•lusió, somni... ART. Quan l’art surt del marc i la paraula escrita abandona la pàgina —no solament el marc físic i la pàgina, sinó els marcs i les pàgines de les categories assignades– es produeix una desintegració bàsica de la realitat: la realització literal de l’art. Això és una direcció molt diferent de la de Duchamp, Klein i Manzoni, d’apropiar-se tot el que hi ha a la vista signant-ho o posant-ho damunt d’un pedestal. En comptes d’apropiar-s’ho tot, signant-ho i emmarcant-ho, retira els marcs i els pedestals, sí, fins i tot les signatures. Tot artista lliurat de debò a l’art mira d’assolir l’impossible, l’èxit escriurà APOCALIPSI a través del cel. L’artista aspira al miracle. El pintor vol que la seva pintura abandoni la tela amb una vida pròpia, que sigui moviment fora de la pintura i una estripada a la tela és tot el que es necessita perquè es desfermi un pandemònium.




Últim acte, Fi, aquí és quan vam entrar tots. L’Apocalipsi final és quan cada home veu el que veu, sent el que sent i escolta el que escolta. Les criatures de tots els teus somnis i malsons són aquí mateix, ara mateix, sòlids com han estat sempre i sempre ho seran, vitalitat elèctrica de metros que es precipiten estacions que llampeguegen cada cop més i més ràpides difuminades.

Pan, Déu del Pànic, fueteja les multituds que criden, mentre milions de rostres miren cap al cel estripat:

FORA DE LA VIA! FORA DE LA VIA!




El planeta es desferma de les seves amarres, precipitant-se cap a l’espai, abocant ciutats i muntanyes i mars al Buit, giravoltant cada cop més ràpid a mesura que els dies i les nits llampeguegen com estacions de metro. Xemeneies com penis de ferro ejaculen espurnes blaves en un tuf d’ozó, els túnels fan cruixir dents de ciment i d’acer que esclafen cotxes com llaunes de cervesa. Els graffiti roseguen el vidre i l’acer com àcid, travessen el cel com tornados de colors resplendents.




Els que cullen cireres amb pinzells de setí grossos com portes avancen per Wall Street i deixen una gran postal de record del Grand Canyon. Camions cisterna xipollegen pintura, pintors proscrits armats amb pistoles de pintura pinten tot i tothom a l’abast. Artistes Supervivents, amb llaunes de pintura lligades a l’esquena i granades al cinturó, pinten qualsevol cosa i persona que troben al seu abast. Avions que escriuen, avions que lluiten, que topen i fan esclatar la pintura. Els pals de telèfon ballen danses elèctriques amb filferros que es contorsionen cruixents. Explosions de neó i tornados centellegen per ciutats en ruïnes, els volcans escupen colors fosos mentre la crosta terrestre s’abomba i s’estella com les peces d’un trencaclosques.




Els electrodomèstics es revolten: les màquines de rentar arrenquen la roba als convidats, les aspiradores xiulen i xuclen el maquillatge, les perruques i les dents falses, els raspalls elèctrics de les dents salten a les boques que criden, les assecadores de roba converteixen els jardins en conques polsoses, les eines de jardineria brunzen a les festes damunt la gespa i empalen els convidats, que són esmicolats per industrioses destrals japoneses que els convertiran en fertilitzants. Plantes bulboses, repugnants i deformes brollen dels seus ossos, cobreixen camps de golf, piscines, clubs de camp i habitatges elegants.




Els gratacels graten trossos de pintura blava i blanca del cel, tires d’ocres nitrosos es bufen i roseguen els ponts que cauen sobre els rius esquitxant colors a través –sempre ho sento a l’esquena – de molls, carrers, art ENFOLLIT. Correu, sisplau, ja és hora – vessen motlles inorgànics – el carro alat del temps s’apressa – agitant la passió – a la vora. Hora de tancar cavallers – acer de metall i vidre – aquests són els nostres actors com us he anticipat – les bigues es retorcen – els actors s’amunteguen en hotels teatrals – luxúria mineral... tot són esperits.




Oh no pateixis – sorgits de les capes – amb tota aquesta merda, John – hi havia tots els esperits, John – de ciment – el Director és a l’escenari i es fonen – parets – en l’aire i ja saps què vol dir en el negoci de l’espectacle – de vidre – fondre’s en l’aire. Correu sisplau ja és hora. Enxampat – encès – a Nova York sota els animals de la ciutat – amb bogeria – el Flautista caigut del cel. Aquest espectacle insubs – milers de carreteres – tancial desapareix i no deixa – embogides esclaten – cap destrucció al darrere. Hora de tancar, correu – les voreres avancen – ja és l’hora.




A la meva esquena – cada cop més i més ràpid – sempre sento corre – l’energia que aixafa – sisplau el temps s’acaba – les voreres i el carrer amb milers de milions de peus i pneumàtics sorgeix de clavagueres i els túnels esclaten amb força volcànica i deixen caure vagons de metro desenfrenats que passen cada cop més ràpid, Pan fueteja multituds que xisclen amb flautes flamejants milions de cares miren el cel estripat FORA DE LA VIA FORA DE LA VIA el planeta deixa anar amarres, i es precipita cap a l’espai esquitxant ciutats i muntanyes i mars cap al Buit cada cop més i més ràpid.




Aquí és on tots arribem amb pintura blava i blanca de quan Tothom veu que els malsons de colors són aquí mateix magatzems i molls l’energia elèctrica sobreeix els motlles inorgànics dels metros cada cop més ràpid, biga d’acer vitrificat Pan Déu del Pànic fueteja el ciment que xiscla, cares que s’enlairen cap al cel estripat i s’encenen de bogeria. VIA el planeta fa caure cotxes bombats i camions que corren a l’espai cada cop més ràpid cap al Buit i els carrers i passeigs giravolten resplendents com les estacions de metro en una fetor d’ozó.




Que vingui la força, gratacels que graten trossos de l’Apocalipsi final al cel, rius d’ensomni escampant color a través de carrers i edificis sòlids, art ENFOLLIT vitalitat que remou passions difuminades de metall que es retorcen en luxúria mineral. Murs de vidre es fonen FORA DE LA VIA milers de milions d’ulls embogits, les voreres fan córrer peus i pneumàtics, xemeneies que ejaculen blau els túnels disparen els grafitti de la ciutat que travessen el cel en colors resplendents.




Els gratacels graten trossos de pintura blava i blanca del cel, els rius s’arremolinen en color, ocres nitrosos i roigs a través de magatzems i molls i camins i edificis, art ENFOLLIT inunda molls inorgànics, remou passions i les bigues de metall, de vidre i d’acer es retorcen en luxúria mineral que esclaten de les seves capes de ciment, mur de vidre fos i encès de bogeria en milers de milions d’ulls embogits, ponts cotxes bombats i camions als rius, les voreres corren cada cop més ràpid, l’energia que aixafa les voreres i carrers amb milers de milions de peus i pneumàtics sorgeix de les clavagueres i túnels, esclata amb força volcànica:

QUE CAIGUI!

Atrapat a Nova York sota els animals de la ciutat, el Flautista va fer caure el cel.



William S. Burroughs
Traducció: Dolors Udina
 

   
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